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Buenos Aires, 8 de junio (Télam, por Jorge Boccanera).- La mirada corrosiva, impiadosa, desangelada de un hablante niño recorre las páginas del libro "Es lo que hay. Antología de la joven narrativa en Córdoba" prologada y compilada por la escritora Lilia Lardone, que acaba de publicarse en esa provincia.
El libro reúne relatos de 24 narradores nacidos a partir de 1976 -un corte según Lardone, que posibilita un muestreo de la producción literaria de la posdictadura- con algunos temas comunes: infancia, adolescencia, soledad, droga, desamparo, incomunicación, sexo, banalización de la vida moderna, descreimiento.
Lardone les atribuye a estos autores, cuyas edades fluctúan entre los 22 y los 33- una "nueva estética".
"Es muy reciente el proceso de búsqueda y selección del material; aún no tomé distancia de la 'materia viva' como para definir los elementos que la caracterizan en su conjunto aunque las temáticas son las mismas que ha reflejando la literatura en todos los tiempos", dice la compiladora en diálogo con Télam.
Y agrega: "Sólo que la mirada de estos jóvenes está despojada de esperanzas. A veces un tenue humor, cruel o piadoso, según el autor, tiñe las historias en las que los personajes, jóvenes o mayores, se ven asediados por preguntas sin respuesta, inmersos en la soledad de sus conflictos insatisfechos".
Respecto a la falta de autoras mujeres en "Es lo que hay", Lardone sostiene que en Córdoba "las escritoras se inclinan por la poesía. Sería interesante estudiar por qué, ya que en generaciones anteriores, hay una fuerte presencia de mujeres narradoras. Las jóvenes actuales eligen otro camino. ¿Matricidio? Tal vez, no sé, da para un estudio sociológico".
El recorte cronológico de autores nacidos después del 76 tiene que ver -afirma- con una curiosidad por conocer el imaginario de quienes nacieron durante la dictadura o la democracia, se formaron durante la década menemista y empezaron a consolidar su producción después de la hecatombe de 2001".
"Entre el mayor de todos (Hugo Rizzi, 1976) y el menor (Ramiro Pro, 1986) hay una década de diferencia en épocas políticas cambiantes, con la tecnología modificando la realidad a cada momento, lo que hace que ese corte, a la manera de los cortes geológicos, muestre capas muy diversas", advierte.
Los relatos de la antología, recién publicada por la editorial cordobesa Babel, van de un lenguaje elaborado a uno más directo, las más de las veces con un tinte realista "fuertemente marcado por el tono de la época".
Lilia Lardone -novelista, cuentista y poeta cordobesa, con una obra sostenida- prefiere hablar de una disparidad de estilos: "A veces se pasa del realismo sucio a la fábula, de la leyenda al diario íntimo. Y esa variedad me interesó a la hora de concretar la selección".
Sobre esa diversidad, da algunos ejemplos: "'Hombre lobo' de Fernando Montes de Oca sintetiza en visión original y zumbona el tema terrible de la dictadura; 'El milagro' de Diego Bermani, funciona como "arte poética" y brilla en su construcción; Pablo Giordano en 'Dos siluetas de Simulcop' conmueve con su escena entre un drogadicto y el amigo, mientras Sebastián Pons, en 'Así muere la poesía', despliega una prosa compleja y develadora".
Llama la atención los pasajes truculentos en varis relatos, como "Hombre lobo" de Montes de Oca, lo que lleva a la prologuista a ver puntos de contacto con los cuentos "en los que los ogros se comían a las mujeres y los padres abandonaban sus hijos en el bosque"
"Después de todo -continúa- desde que el mundo es mundo, los humanos sobreviven como pueden. Hoy, sobrevivir socialmente es casi una epopeya, la violencia familiar pasó a ser moneda corriente, los valores se pisotean. ¿Será la truculencia literaria una forma de exorcizar tanta realidad?".
La mayoría de los autores de la antología tienen algún libro publicado y fueron incluidos en otras compilaciones y revistas; muchos estudiaron periodismo y pasaron por la escuela de Letras. Precisamente algunos relatos de "Es lo que hay" alude a los medios de prensa y a personajes de la televisión.
"Al igual que la violencia, también lo mediático se cuela como un elemento más de lo cotidiano. La presencia de la farándula y de la televisión, legado de los 90 permanece en el imaginario colectivo como una huella que se lleva, casi un karma. Eso está reflejado con mayor intensidad en aquellos relatos que apelan al humor negro".
Para Lardone: "El enfoque hipercrítico e impiadoso hacia los vínculos afectivos, funcionaría en algunos autores en tanto vehículo de su percepción real. Ganados por el escepticismo -no todos- las miradas denuncian la hipocresía. En eso se asemejan a la literatura joven de todos los tiempos: decir lo que subyace y corrompe, decir lo que no se dice".
Además de los autores citados, es imposible soslayar del libro relatos destacados como "Ladridos" de Santiago Ramírez; "Hurga" de Mariano Barbieri; "Ocio" de Hugo Rabbia y "Margaritas" de Emanuel Rodríguez". (Télam).-








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